Deja de decidir en automático: crea tu propio sistema de decisiones

No tomes decisiones como si las firmases en piedra ante notario

No sé por qué creemos que lo que decidimos es irreversible y que una vez que elegimos no podemos dar marcha atrás. 

Bajo ese principio nuestros valores nos eligen a nosotras (sí, has leído bien) y nos quedamos con ellos para siempre como si no pudiéramos elegir libremente. 

Nadie nos habla de propósito mientras somos niñas y la vida nos va guiando bajo mandatos sociales, familiares y creencias que no son del todo nuestras… así tomamos decisiones convencidas de que son “las correctas” y elegimos, el trabajo “que toca”, la pareja “que toca” y la vida “que toca”. Solo cuando ocurre algo que nos hace reflexionar de forma profunda (un punto de inflexión a veces dramático) nos planteamos que a lo mejor estamos tomando decisiones de modo automático, guiadas por un código que no hemos cuestionado, pero que no nos representa.

En ese punto, empezamos a leer y nos tropezamos con una serie de conceptos que parecen tener las respuestas que necesitamos: 

  • Creencias limitantes
  • Valores
  • Propósito
  • Ikigai

Y cometemos un nuevo error, frustrarnos por no encontrar “LA RESPUESTA”, como si todas tuviéramos que ser una especie de Teresa de Calcuta, con un propósito firme y constante a lo largo de nuestra vida, y eso no es así. 

Nuestra vida, al contrario que la de Teresa de Calcuta, tiene más versiones que la de cuidadora, somos mujeres, madres, pareja, profesionales y no todas coexisten a la vez, ni tienen el mismo propósito siempre y lo que es peor, su momento vital, condiciona directamente la escala de valores y el propósito de vida. 

Por eso no somos capaces de encontrar ESE GRAN propósito, porque no necesitamos algo que defina para siempre nuestra vida, solo necesitamos saber qué debemos hacer para ir definiendo los distintos propósitos de nuestras distintas versiones a lo largo de nuestra vida. 

Reconozco que a mí me pasó, cuando nació mi segundo hijo tuve una gran crisis existencial, me preguntaba qué tipo de mundo era este en el que mis hijos nacían, como podía cambiar yo ese mundo, qué tipo de madre debía ser para que ellos no sufrieran y descubrí una serie de cosas que aumentaron mi angustia en vez de aliviarla: 

  • El mundo y la vida son cíclicos, con lo cual no podemos controlar el “exterior” y es tan cambiante y volátil, que aunque pudiéramos, sería imposible controlarlo todo, todo el tiempo. 
  • Descubrí que los padres queremos más a nuestros hijos de lo que nuestros hijos queremos a los padres y eso llevaba asociado, directamente, un grado de imperfección tan grande, que da igual cómo lo hagamos, siempre va a estar mal desde algún punto de vista. 
  • Y por último, que su sufrimiento no dependía, ni de mí, ni del mundo, dependía de ellos, de su inteligencia emocional y de con qué criterio la utilizarían, así que lo único que podía hacer era darles una base sólida y confiar en que sean personas con criterio. 

Al no ser capaz de “controlar su mundo” intenté encontrar ese “por qué” que me guiaría y lo único que encontré fue más confusión. No había nada que fuese suficientemente importante, trascendental, que me llenara o generara ese gran impacto que cambiaría mi mundo y el mundo de los demás. 

Confieso que ver el círculo de oro de Saimon Sinek no me ayudó, me inspiró muchísimo, pero no me ayudó. 

En mi búsqueda del gran propósito, descubrí herramientas y preguntas que me ayudaban a definir propósitos puntuales o temporales, pero que aumentaban mi confusión. 

Y entonces lo vi claro, esa era la cuestión: micro propósitos en función de nuestro momento vital

Cuando nuestros hijos son pequeños, probablemente uno de nuestros valores fundamentales sea el de la familia, pero al crecer ellos, ese valor sigue siendo importante, pero ya no forma parte del eje principal.

Entender esto me ha ayudado a tomar mejores decisiones, vivir con más plenitud y conseguir mayores transformaciones. 

Descubrir que podemos elegir, no en función de “lo que toca” sino de lo que realmente nos mueve internamente, que el mundo que conocíamos ya no existe, que el nuevo está lleno de oportunidades y solo tenemos que saber cómo utilizarlas, nos permite evolucionar, ser mejores y en definitiva, más felices. 

Si has llegado hasta aquí, querrás saber cómo encontrar esos propósitos a lo largo de tu vida: mirando hacia adentro y contestando a un montón de preguntas incómodas

Créeme, son preguntas fáciles en sintaxis, pero complejas en su profundidad

Cómo es un ejercicio que harás varias veces en tu vida, con cada cambio vital, te recomiendo que lo hagas en una libreta que utilices solo para esto, leer tus reflexiones de vez en cuando, o cada vez que necesites redefinir tu propósito, te ayudará a entender mejor cómo funcionas y qué te mueve cada vez. 

Además, hay ejercicios que serán comunes para cada etapa y otros que serán específicos, tenerlos juntos te ayudará. 

Busca una libreta o compra una o hazlo en las notas del móvil, particularmente a mí me gusta escribir a mano y está demostrado que se piensa mejor, pero que la falta de tener un cuaderno bonito no sea la excusa para no hacerlo. Empieza ahora, da igual dónde, pero arranca ya. 

Busca un momento de serenidad, que vayas a tener tiempo para explayarte en las respuestas, crea un ambiente de relax y céntrate en responder desde el deseo, no desde el miedo. 

Vuelve a leer mis palabras del principio, no contestes desde lo que se espera, sino desde un espacio de no juicio en el que permitas que las palabras fluyan, no estás firmando nada en piedra ante notario, solo estás permitiendo que tus anhelos afloren y ya decidirás qué hacer con ellos, aunque la decisión sea no hacer nada. 

El primer ejercicio es saber de dónde vienes, cómo has llegado hasta aquí y cómo has afrontado los desafíos de tu vida. Un ejercicio muy potente para descubrirlo es la línea de la vida: 

Traza una línea en un cuaderno, elige si vas a definir los hechos que quieres describir en años o en edades, no tienen que ser consecutivos, solo significantes. Habrá hechos relevantes, positivos y negativos, anota todos los que consideres que son importantes. Una vez hayas terminado, hazte las siguientes preguntas, ante cada uno de los hechos: 

  • ¿Cuál es el aprendizaje?
  • Si fue positivo
    • ¿Hacia dónde te llevó?
    • A la larga… ¿Cumplió tus expectativas? 
  • Si fue negativo
    • ¿Quién te ayudó?
    • ¿Cómo lo superaste?
  • Si analizas tu línea
    • ¿Qué conclusiones sacas? 

¿Hay algo que no hayas tenido en cuenta que veas ahora al tener la perspectiva en conjunto?

Cómo sabes, somos dos socias, cuando conocí a Iune, ella hizo este ejercicio y fue muy clarificador para entender qué estaba pasando en su vida, no fue sencillo, pero le ayudó muchísimo en ese momento para tomar decisiones futuras.

El segundo ejercicio es saber en qué punto estás hoy, para eso vamos a utilizar la rueda de la vida. Dibuja un círculo y divídelo en secciones, una por cada área de tu vida. Ahora, dale una puntuación a cada área, no se trata de que todas estén al máximo, sino de saber cuáles requieren tu atención. 

Ahora vamos a ver hacia dónde quieres ir. Pensar quién queremos ser, a veces no es sencillo, si tienes claro la mujer que te gustaría ser, escríbelo, con el máximo de detalle: 

  • ¿Qué tipo de mujer eres?
  • ¿Cuál es tu estilo de vida? 
  • ¿Cómo es tu casa? 
  • ¿Con qué personas te relacionas? 
  • ¿Qué tipo de trabajo tienes? 
  • Cualquier pregunta relevante que te ayude a entender quién es esa mujer que admiras. 

Si no tienes claras las respuestas, analiza el contenido que consumes: 

  • Si eres una persona analógica: 
    • ¿Qué libros lees y sobre qué tratan? 
    • ¿Qué revistas consumes y cuáles son los artículos que más te llaman la atención? 
    • ¿De qué temas hablas con tu entorno que te estimulan? 
  • Si eres una persona digital
    • ¿Qué contenido guardas?
    • ¿Qué tipo de cuentas o perfiles sigues?  

Tus anhelos están en toda esa información. 

Ahora que ya tienes una foto de quién eres, dónde estás y hacia dónde te gustaría ir, tienes que descubrir cuál es tu caja de herramientas. 

Busca en internet una tabla de valores, escribe los valores que mejor te definen, aquellos que más te resuenan. Cuando tengas todos, analízalos hasta quedarte solo con 5, cuando los tengas, pregúntate: ¿Son los valores de la persona que quiero ser?, si no es así, piensa qué valores tendrías que tener y qué cambios tendrías que hacer para convertirte en esa persona. 

Ahora haz una lista de habilidades, fortalezas y competencias, todo aquello de lo que puedes echar mano para llegar a dónde quieres. 

 Si has llegado hasta aquí, tienes una visión global de qué quieres, vamos a ver cómo transformarlo en un propósito, reflexiona sobre tu ikigai 

  1. ¿Qué amas hacer?
  2. ¿En qué eres bueno?
  3. ¿Qué necesita el mundo de ti?
  4. ¿Por qué te pagarían? 

Si aun así no está claro, reflexiona sobre:  

  • ¿Qué haces que podrías hacer incluso gratis porque te llena de satisfacción? 
  • ¿Qué haces que nadie hacer mejor que tú? 
  • ¿Qué haces actualmente que hacías antes de tu adolescencia? 
  • ¿Qué harías si no tuvieras miedo?  

Ahora que tienes todos los ejercicios terminados, dales aire, déjalos reposar un par de días. Cuando vuelvas podrás releerlos y date cuenta de que lo que tienes no es una serie de ejercicios sueltos.  

Tienes un sistema. 

Un sistema que te permite generar propósitos en cada etapa de tu vida, y tomar decisiones desde un lugar mucho más realista, con dirección y con criterio.

Ya no se trata de encontrar “la gran respuesta” que te defina para siempre. Se trata de tener una herramienta para hacerte las preguntas correctas cada vez que necesites volver a ti.

A partir de ahora, cuando tengas que decidir, hazte esta pregunta:

¿Esto me acerca a la mujer que quiero ser?

¿Está en coherencia con mis valores y con el propósito que tengo hoy?

¿Si tomo esta decisión se cumplirán mis objetivos?

Si la respuesta es sí, adelante.

Si es no, también tienes claridad.

Y si no lo sabes, vuelve al cabo de unos días y replantéatelos desde otro punto de vista: ¿Es lo que yo quiero o es lo que se espera de mí?, probablemente si tienes dudas es porque estás intentando complacer a alguien que no eres tú

A veces no necesitamos más respuestas, sino más estructura para interpretarlas.

Eso es lo que has creado: una forma de escucharte, de entenderte y de decidir desde lo que realmente importa.

No estás buscando un único propósito. Estás aprendiendo a construirlo, una y otra vez, con cada versión de ti.

Ese es el verdadero objetivo. Y ahora sabes cómo hacerlo.

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